en paz…

December 27th, 2006

faltaban tres regalos. no para uno de comprar.

a salir de nuevo, a trabarse en el tráfico, a esperar que cambie la luz del semáforo, la suerte del propio canal, la conversadera del de adelante. a bajar y subir y dar vueltas interminables en rampas, en túneles, en estacionamientos. a bajar, a subir por escaleras mecánicas y más escaleras y más. a caminar en pasillos llenos de gente que le faltan tres regalos. a ver miles y miles de objetos que jamás comprarías, que no sabes quién compraría, que a ese precio no se pueden comprar, que quisieras comprar para ti, que no sabes ni por que se compran, ni si al final de cuentas se compran. a ver entre las rendijas, por detrás de los maniquíes mal vestidos, tratando de imaginar la cara que conoces tras el chaleco o la corbata que luce tan bien en el muñeco que mejor la dejas ahí y sigues. a ver relojes, miles de relojes que dan la misma hora al mismo tiempo, joyas miles de joyas que brillan un poco más un poco menos igual, a ver carteras, pantalones, lentes de contacto, motocicletas, sombreros, cámaras digitales, todo nuevo y todo tan igual a lo viejo, tan como si ya lo has visto miles y miles de veces. gente que entra en las tiendas y pregunta tantas veces por tantas cosas que se nota, se ve se sabe que no saben lo que quieren, lo que quieren regalar a esas tres personas que les faltan, pero que mejor les compran algo, porque esas tres personas les tendrán listas tres bolsas, tres cajas, tres regalos recíprocos comprados en el mismo centro comercial, bajo el mismo apuro, con la misma inconsecuencia, con el mismo sinsaber, con el mismo afán. encontrar una librería enorme y entrar. atravesar pasillos de jardinería, de feng shui, de deepak chopra y j.j. benítez, de sexo tántrico, de novelas de bolsillo, de cuentos de terror, de harry potter, de isabel allende y las millones de horas que ha escrito cuentos sobre esos únicos tres personajes suyos, de floricienta y miles de agendas de hello kitty, de autoayuda y superación por bojotes. seguir sin notar todos los best sellers del tal king y del tal le carré y del otro que esta de moda ahora, pero esta agotado, pero hay tres ediciones viejas de tres libros viejos de cuando no era famoso y no vendía un carajo. pasar por un pequeño pasaje de libros en ediciones baratas, de esos que te hacen leer en el colegio y que a golpes de explicarte qué significan te dejan sin saber y sin sabor de cuan buenos son. pasar la ilíada, la odisea y el resto de homero y virgilio y julio cesar y marco polo, y empezar, de reojo a ver tomos sin tantos colores, de letras elegantes pero sencillas, de ediciones que tienen más de páginas que de carátulas y portadas. llegar finalmente a los libros que son, que nacieron, para dejarte algo. buscar por orden alfabético, por orden alfanumérico, por orden alquímico, preguntar donde esta bukowski, porque de brönte saltaron a camus, y el dependiente que no sabe que como se escribe bukovsqui, y que lo pone hasta con hache. buscar otro dependiente y hasta que se consigue uno que sabe, y te dice dónde está. y allí están, allí, tan deseados, los dos únicos tomos que tienen: “hollywood” y “pulp”, los dos que ya has leído, pero igual los querías, al menos “pulp” y aunque buscabas “women” que no esta y que igual no buscabas un carajo, te llevas “pulp” y te lo leerás de nuevo, y recuerdas la historia mientras sales a rastras de la cola de la caja y pagas entre uno que lleva un calendario de gatitos y otro que compra la agenda del gerente exitoso, y ya estás tan cansado pero recuerdas al pobre henry chinaski que las paso peor que tu mientras negociaba el estúpido script para la película, todo sea por olvidar las diez horas que llevas aquí en este centro comercial, hastiado y sin regalos porque ya hasta se te olvidó qué comprar, que nunca igual lo supiste, y sales con el libro en la mano, y de carrera, justo justo en la salida compras al salto una corbata y una cartera de hombre y un lindo brochecito en una tienda de esquina y entras en las escaleras mecánicas y bajas y coges la siguiente y sales buscas tu carro y entras y pagas y sales y quedas pegado detrás de otros mil carros que salen contigo y llegas a tu casa y tiras la corbata el brochecito la cartera de hombre y te sientas, y te pones a leer para olvidar, leer como el licor que quizás aleje, entre las imposibles historias del imposible de henry, las imposibles acciones y reacciones de esos tres últimos regalos, esperando que llegue la navidad y pase y se acabe para no tener que comprar mas inútiles tres últimos regalos, y para sentarte, y poder, finalmente, querer a tu familia, tus amigos, tus vecinos.
a tu modo.
sin regalos.
sin brochecitos.
sin carteras.

quizás hasta sin verlos.

y leer en paz…

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.